Cuando la serpiente tiene que desprenderse de su piel vieja escoge transitar por dos piedras próximas que le aprieten, le rasquen y ayuden a eliminar su piel. Ese tránsito le provoca dolor, pero le ayuda a deshacerse de lo viejo para dar lugar a lo nuevo. Es el final de un proceso y el inicio de otro. Y en ese tránsito sufrimos. Si nos resistimos a atravesarlo la angustia se incrementa, pues no soltamos lo que ya no nos aporta, lo que no necesitamos, ni damos espacio a lo que quiere nacer.
Te puedes quedar sentado y preocuparte hasta ponerte físicamente enfermo. Pero la preocupación no cambia la situación, la acción si.

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